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Septiembre 18, 2004

el escritor en la blogosfera

Decir que la industria editorial está en crisis se ha convertido en un chiste recurrente. A diferencia de lo que ocurre con el CD, publicar un libro es un proceso que cuesta mucho dinero y esfuerzo. Por eso, salvo casos muy excepcionales, las empresas del sector se cuidan muy mucho de invertir sus fondos en nuevas promesas y reservan su capacidad de producción y promoción para los escritores mas populares o aquellos temas que despierten un interes general en el público, como el fútbol, los personajes de la vida rosa o las memorias de un político recién jubilado. Este estado de cosas coloca al autor novel en el famoso conflicto de la pescadilla: no tiene un nombre porque no ha publicado y no publicará porque es un don nadie. Sus posiblidades de convertirse en el nuevo Dostoyevsky sin pasar mucha penuria son limitadas y pasan por ganar un concurso dedicado a autores desconocidos, autofinanciarse la publicación de su propio libro o pegar un braguetazo con un miembro de la realeza (léase monárquica, taurina o futbolística). En los ultimos cinco años la vía digital ha planteado una nueva opción: los weblogs.

Ahora que Belle de Jour se despide y Meg Hourighan ha decidido cambiar de vida, me doy cuenta de hasta qué punto entre las dos, sin conocerse siquiera, han encabezado una revolución que, como ocurre a bombo y platillo en el mundo de la música, ha entregado al público el derecho a decidir lo que es bueno y lo que no según sus propios criterios. Y, con tiempo y suerte, cortará el riego de la sopa boba para los nombres ilustres que viven de las rentas desde hace ya más de treinta años.

La galaxia Guttenberg. Antes de la imprenta existía una única editorial: la Iglesia. Esta situación generaba pocos conflictos, principalmente porque la gran mayoria de la población no sabía leer y el criterio de publicación estaba bastante claro. Esta historia de los panes y los peces me parece provocativamente interesante... ¡vamos a ver qué sacamos de aquí! Además les salía barato: las ediciones se escribían a mano con una tirada de uno, generalmente por un monje que hacía ayuno para estar a buenas con Dios. El acceso a dicha obra era bastante restringido y, para la mayoría de los mortales, sencillamente no existía. La revolución de la imprenta supuso, como es bien sabido, un cambio de papeles, y el poder de publicación quedó en manos de cualquiera que tuviera dinero para comprar dicha máquina y mantenerla en funcionamiento.

La editorial se convirtió, pues, en la nueva iglesia y la copia única manuscrita, en una serie menos limitada de libros que llegaron, si no a todas las casas, al menos a algunas cuyos habitantes pronto se dividieron en lectores, libreros y críticos. Y así estaba el patio cuando William Randolph Hearst acuñó la famosa frase "La libertad de prensa para el que tiene una". Aunque se refería muy apropiadamente a los medios de informacion, la idea bien puede aplicarse a la industria del papel en su conjunto. La mayoría de las editoriales, como empresas que son, han tomado sus decisiones con respecto a las exigencias de un mercado mediatizado, sacrificando muchas veces la calidad de sus productos en beneficio de sus posiblidades economicas. Esto nos coloca en un escenario en el que los libros de autoayuda cubren las estanterias dedicadas a la filosofía y antropología en las librerias de gran superficie, la biografía de Jose Maria Aznar compite con ventaja sobre la de Philip K. Dick y Crónicas Marcianas produce más escritores que la facultad de Letras de la Sorbona.

La literatura llamada de la mujer no es muy diferente. Como demuestra el mercado, resulta más sencillo publicar un libro si eres -o has sido- prostituta adolescente, mujer maltratada o yonki. O Rosa María Montero. Publicar un weblog, sin embargo, es gratuito, y fácil.

EL cuarto poder. La explosión de Internet ya prometía la posiblidad de publicar tus propios textos online. Muchos aspirantes a escritor aprovecharon el momento para abrir una bonita página web con todos sus textos y esperar a que un cazatalentos llamara a su puerta, deslumbrado por el poder de sus ardientes metáforas y sus pasajes descriptivos. La mayoría esperaron y esperaron y decidieron abandonar la literatura por un oficio con más futuro, como la fontanería o el periodismo. Las páginas publicadas en el mónstruo de la Red fueron lágrimas en la lluvia que rara vez alcanzaron más audiencia que la propia familia y la novia. Los weblogs parten de una base más sólida: son una red dentro de la red. El comercial empieza a trabajar con una agenda de contactos.

Paradójicamente, el weblog devuelve la literatura a los tiempos en que sólo había una copia de cada libro, pero la biblioteca que lo guarda no es un monasterio perdido en lo alto de la colina ni la colección privada de algún mandamás. Ese único libro que produce una sola persona está a la vista de todos y cada una de sus páginas puede ser disfrutada al mismo tiempo por todos los usuarios de la Red a la vez. Hay un único libro pero está en todas las casas. Desde su estudio en Valencia, Singapur o Alabama, el blogger tiene de pronto el poder de la ubicuidad.

Y no sólo eso. El formato característico de un weblog proporciona al escritor una serie de ventajas que la técnica tradicional -yo me lo guiso y me lo como en casa- no tiene. Entre la gratuidad y la sencillez del formato y su capacidad vírica, la más importante es la constancia: la necesidad de actualizar periódicamente tu página favorece dramáticamente la disciplina del autor -un blog que no se actualiza es un blog muerto-, mantiene la atención del lector, que acude cada día a su página favorita a ver qué ha pasado hoy y mejora la calidad de la obra -nuestro tiempo es limitado y el mar está lleno de peces. La técnica del burro y la zanahoria con una audiencia era la clásica del siglo XIX. Los Hermanos Karamazov y La Dama de las Camelias fueron, como tantos otros clásicos de la Literatura Universal, novelas por entregas. Y tenían que ser buenas por defecto: una sola entrega mediocre y los lectores se pasaban en masa a la competencia.

Belle de Jour. Decía que el caso de Belle es sumamente representativo, pero sus características como icono vienen mejor definidas por lo que no es. Belle escribe un diario desde una cuenta anónima en un sistema multitudinario para bloggers principiantes. Su página no tiene fotos, el diseño no es especial y, aunque relata las peripecias de una call girl londinense, sus textos ni siquiera son particularmente explícitos. Los clientes a los que visita no son personajes famosos ni congresistas americanos como ocurre en otros casos que han recibido atención . No sale con futbolistas. No ha descubierto ningún escándalo financiero ni le pasa información al servicio secreto ruso. No es melodramática, escandalosa, morbosa ni oportunista. ¡Ni siquiera sabemos quién es! Belle de Jour sólo tiene una virtud: es una gran escritora. Y esa única virtud ha puesto la Red a sus pies.

Belle es importante porque demuestra, con su mera existencia, que el público no es idiota, ni mucho menos. Su premio al mejor weblog del año, concedido por The Guardian, y su contrato editorial para la publicación de un libro demuestran dos cosas: que, cuando tiene la oportunidad, el público elige material de calidad y que, en este preciso momento, los ojos de todas las editoriales están clavados en la blogosfera. Ya da igual que su autora sea -o no- realmente prostituta, que sea -o no- realmente escritora o que sea -o no- realmente una mujer. Importan los millones de personas que han seguido su blog y la cantidad de medios que han enlazado sus páginas. Ahora todo el mundo tiene una prensa y su futuro depende únicamente del buen uso que haga de ella.

In a world of twelve-year-olds in sexy boots and nans in sparkly minidresses, the surest way to tell the prostitute walking into a hotel at Heathrow is to look for the lady in the designer suit. Fact.

Marta Peirano
Comentarios

La verdad es que efectivamente una weblog parece un escaparate muy interesante para escritores desconocidos e incluso cualquier tipo de artista.

Yo creo que la literatura está al mismo nivel de bajeza que el arte en general, el cine, la música, la pintura, están en un periodo de estancamiento donde los nuevos valores sólo responden a fenómenos de Marketing. El show-biz se lo ha comido todo, nadie canta ya por su talento, sino porque es guapo/a y sabe bailar. Nadie escribe por su talento, sólo porque como dice el texto es por haber pasado muchas penurias o por llamarse Ana Rosa Quintana copia-libros.

El problema es que las editoriales se han asentado en la aristocracia de decidir quién escribe y quien no en función de cuánto dinero voy a sacar de su libro. Si ven los weblogs como ese enemigo independiente, lo intentarán hundir. La otra posibilidad es que la imprenta independiente llegue a ser Miramax y pueda competir con cualquiera en igualdad de condiciones, pero ofreciendo una literatura de mucha más calidad.

Puesto por Guille a las Septiembre 20, 2004 11:05 AM

Estoy más o menos de acuerdo con lo que dices, pero me gustaría estar más de acuerdo de lo que estoy. Básicamente, prefiero ser escéptico porque ya habíamos leído antes que la internet iba a ponerlo todo patas arriba, y, la verdad, tampoco ha sido para tanto. A la escucha permaneceremos ;-)

Puesto por Alber a las Septiembre 20, 2004 11:15 AM

Perdón, quería decir que estoy más o menos de acuerdo, etc., con Marta, no con Guille.

Puesto por Alber a las Septiembre 20, 2004 11:19 AM

Buen artículo. No creo que se produzcan cambios radicales, pero lo que ya está mas que comprobado es que muchos blogs tienen una calidad literaria muy superior a la gran mayoría de la prensa escrita. Y esto lo podemos extrapolar a la literatura.

Saludos

Puesto por sopistant a las Septiembre 21, 2004 11:23 PM

En definitiva no concuerdo con la opinión de 'Guille'. Tal como lo puntualiza el post, yo también creo que la BLOGOSFERA ha venido a dar un aire nuevo y fresco, tanto al mundo editorial, como al periodístico y al literario.

De igual forma, la publicación en la red es una forma nueva de publicación y difusión, que ya no depende de aquel arcáico mecenazgo de la iglesia o el moderno de las casas editoriales.

Y la valía en sí de este nuevo fenómeno creo que va aún más allá de que hemos visto hasta hoy. La gente está comenzando a leer nuevamente, a escribir, a dejar de temer el plasmar ideas, pensamientos, emociones, frustraciones o incluso sus patético o valiosos pininos literarios.

Le preguntaría a Guille ¿qué tiene que ver todo esto con el show-biz, que ella menciona? ¿Quién ha venido a absorber a quién? ¿Acaso el que, gracias a los blogs, una ama de casa cualquiera pueda postear unas palabras equis, requiere de algún "talento" en especial? ¿Querrá esa ama de casa ser una inmortal escritora o habrá sido influenciada por la penetración de alguna terrible campaña de marketing?

Puesto por ..·|.devon.|·.. a las Septiembre 23, 2004 05:05 PM

Hola Nacho y compañía, acabo de subir a mi paginita un "Decálogo del perfecto blogger contemporáneo" y corro a contarselos.

Los interesados en hechar un ojo pueden pasar por:
http://juanterranova.com.ar/pm/weblog.php

Gracias y afecto para todos.

Puesto por Juan desde Buenos Aires a las Septiembre 23, 2004 05:43 PM

Estoy de acuerdo con la mayoría de lo que se ha dicho al respecto. Pero pienso que es un lugar común la dicotomía de calidad vs. mercado. Si bien es cierto que hay malos autores que venden mucho (que no es tan malo porque algunas editoriales aprovechan las ventas de estos autores para publicar en otras líneas), también es cierto que los autores, indudablemente, deben tender hacia el mercado, lo mismo que Balzac o Dostoyevsky hicieron en su tiempo. Así que no veo que se deba discutir con tanto fervor el tema. Lo otro es sobre algo que dice Guille y querría preguntarle ¿a qué nuevos valores se refiere? Yo creo que los valores de la gente siguen intactos pese a cualquier cosa; hay una ligera falta de proporción, cierto, pero la gente, es lo que creo, tiene muy claros sus valores, y es por ellos que eligen qué leer, si un libro de Balzac o uno de superación. Están en su derecho. En lo que estoy en contra es en los nuevos autores que le prometen el sol y las estrellas al lector y le terminan dando nada. Lo fascinante de un bloguero es que no promete nada, pero está dispuesto a ser sincero con sus lectores.
PD. En México tenemos un movimiento interesante yo y un amigo: Literatura Blog. Los invitamos a visitar nuestras páginas.

Puesto por Mauricio Salvador a las Septiembre 24, 2004 06:45 AM





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