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Febrero 13, 2004More than this, you know there's nothingAl fin se estrena Lost in Translation en España, seis meses después que lo hiciera en EE.UU., en donde todavía puede encontrarse en algunos cines. Un éxito que empezó encandilando a la crítica y calladamente se adueñó del público. Algunas cosas han pasado en este tiempo. Si al principio se alabó extraordinariamente el trabajo de dirección de Sofía Coppola y la actuación de Bill Murray, quien por fin había logrado un papel de la riqueza que se merece, conforme pasaba el tiempo Scarlett Johansson se ha ido convirtiendo en una estrella y atrayendo más y más alabanzas. Para cuando la película se estrenó en el Reino Unido, Johansson era la que se llevaba la atención del Guardian, por ejemplo, igual que en España con El País de las Tentaciones (al que no podemos ni queremos enlazar). A su vez, Sofia Coppola se ha divorciado de Spike Jonze, lo cual no sorprende nada al ver cómo LiT gira en torno a dos matrimonios en crisis, si no muertos. Ahora los posters de Being John Malkovich y LiT se observan aviesamente en mi cuarto, cruzando miradas y mala onda sobre mi cama: esperemos que sea inofensivo. Finalmente, ha gustado mucho la banda sonora, con un avance del último disco de Air (quienes ya se escribieron toda una banda sonora para The Virgin Suicides de Coppola, aunque ésta solamente usase cuatro canciones) y material original de Kevin Shields, el de My Bloody Valentine. En fin, allá por octubre escribimos una crítica en nuestro otro blog, a la que enlazamos desde éste. Ahora, porque nos gusta repetirnos y por una vez viene a cuento y técnicamente conviene, les ofrecemos la versión corregida y aumentada. Sigan, sigan leyendo. Por cierto, se revelan detalles del argumento, alguno mucho más importante para disfrutar de la película que saber si la Trini la espicha o no en Matrix Revolutions. Avisados quedan, aunque casi todos los medios que hemos leído ya lo mencionan, así que probablemente la advertencia es en vano. Como todas. Sitio oficial de Lost in Translation / Trailer subtitulado en español de Lost in Translation / Entrevista a Sofia Coppola en Indiewire / Entrevista a Sofia Coppola en la Luna / Entrevista a Scarlett Johansson en The Guardian / Los asquerosamente brillantes también lloran, o al menos se divorcian / Spike Jonze, modelo del personaje de Giovanni Ribisi / Sobre la Banda Sonora de Lost in Translation Sería exagerar decir que todavía estamos intentando recuperarnos, cinco meses después, de Lost in Translation, la última de Sofia Coppola, con los enormes Bill Murray y Scarlett Johansson. Pero a lo mejor es verdad. ¿Y de qué estamos recuperándonos? Lo primero, y lo más subjetivo, y lo que tiñe toda la experiencia, es que la protagonista me recuerda intensamente a mi última ex, dormida, justo antes de que se despertara y lo hiciéramos y saliésemos corriendo a clase; día tras día durante semanas. Es la primera vez que un recuerdo se encarnaba así, tan vivo, en la pantalla, y nos tenía fascinados en la oscuridad durante dos horas. [Curioso que esto que era una confesión personal en octubre, una forma de intentar ser objetivos admitiendo cuán subjetivo es nuestro entusiasmo por esta película, se haya convertido con el entrellato de Johansson en una perfecta fantasmada. El tiempo, que lo troca todo. A peor]. El segundo motivo es la generosidad de Sofia Coppola. En la Blacktable adelantaban, sin haber visto ni una sola película, las posibles nominaciones a los Oscars, y avisan que el mayor defecto de Lost in Translation son los clichés: el cincuentón en crisis, la veinteañera perdida, toda la nación del Japón. Pero es que no han visto la película. La labor de Sofía Coppola rebosa exactitud y delicadeza, equilibrio. Nada más preciso que la cara de Bill Murray justo al principio, recién llegado (aunque en realidad el principio es el culo de Johansson en unas braguitas transparentes, la línea entre las nalgas componiendo una sonrisa inexistente de labios inexistentes horizontalmente divididos pero juntos, una inexpresiva raya horizontal, los muslos hacia delante, en lo que quizá se adivina es una asustada posición encogida sobre la sábana, revelando una vulnerabilidad tan íntimamente sentida que conmueve... si le esto les apesta a vouyerismo, al menos dejennos justificar tanta atención con la discusión que tuvieron Coppola y Johansson por la transparencia en esa escena, tan importante para la directora que no dudo en ponérselas ella misma para convencer a la actriz). Nada más preciso que la cara de Bill Murray exhausto por el viaje, con la cual más de uno se puede identificar perfectamente (North Carolina-Detroit-Amsterdam-Madrid-Sevilla, anyone?). Como son precisos y muy cómicos sus problemas con una ducha baja, una cama corta, un idioma que no entiende, unos ascensores en los que les saca una cabeza al resto del pasaje, maduros hombres japoneses uniformados de terno oscuro. La alienación, el agobio que le causa Tokio y su vida en general corren parejos a los de Johansson, encerrada en su habitación, asomada en ropa interior que no es de Victoria's Secret a su ventana, sentada en un ancho alféizar, la cabeza contra el cristal. A cien pisos de Tokio.
A primera vista Japón, tal y como lo ven ambos personajes, y la cámara de Coppola que los escucha en todo momento, es una puta mierda. El rodaje del anuncio y la sesión fotográfica para la campaña de Murray es para echarse a llorar (de risa y de otra cosa), la primera excursión de Johansson dantesca, invadida de asco en un metro en el que los pasajeros leen mangas pornos tranquilamente, brevemente fascinada por los adolescentes japoneses que se divierten en los futuristas Arcades de Tokio. Pero ella, claro, tiene cuatro, cinco, seis años más que ellos, un marido idiota, y muchas horas por delante para aburrirse en el bar del hotel, atrapada. Los momentos en los que parece entrar en contacto con la espiritualidad japonesa tradicional (visitas a templos, el ritual del Ikebana en el hotel) solamente la dejan más insatisfecha, más consciente de su vacío. Aunque es verdad que el sutil trabajo de Coppola también se encarga de matizar el Japón que cada uno ve: uniformemente grotesco y negativo en el caso del maduro Murray, mucho más rico y menos hostil en el caso de la cuasi adolescente Johansson. Y Coppola se encarga de dejar claro hasta qué punto Murray, el más crítico, es solamente un gaijin, un guiri salido de Japander del que se pitorrean en el set de video, en el hospital, en la televisión. Pero al principio y a primera vista todo, parece, es una puta mierda aquí en el Japón... una puta mierda hasta que Murray y Johansson se conocen al cabo de veinte, treinta minutos, y salen a comerse el mundo. Y aquí Coppola vuelve a ser exacta y generosa. Tokio se transforma cuando Murray se pone una camiseta al revés y conoce a surferos japoneses. La noche explota y se captura perfectamente esa gloriosa euforia de ser feliz en una ciudad extraña, nueva, en la que se está sólo de paso. Y ahora Japón es un bendito descanso y el tantas veces ridiculizado karaoke recibe su mejor homenaje en un cubículo iluminado entre sombras, colgado de una torre de apartamentos, cuando Murray y Johansson cantan, ésta última una sosita y deliciosa versión de "Brass in Pocket" debajo de una eléctrica peluca fucsia, todo lo cual hace que Murray y este nostálgico espectador nos derritamos. Al final, Murray se duerme en el taxi y al llegar al hotel carga con Johansson para meterla en la cama y arroparla. Hasta mañana... No se olvide nunca que la película encierra el peligro de caer en el topicazo de la relación cuarentón-veinteañera en ciudad exótica. El tópico del que se reían, aunque lo explotaban, en Lío en Río, con Michael Caine. Casi lo primero que Johansson le pregunta a Murray es si está en crisis y si está pensando en comprarse un Porsche. "Pues la verdad, sí". Y hay un instante en el que dan ganas de gritarle a Murray (y a Coppola, que dirige y escribe el filme) que no, imbécil, que no, que dejes la mano quieta y no la cagues, o es que eres idiota, no repitas el puto cliché otra puta vez. (También, no obstante, hay quien nos preguntaba: "Y en esa película, ¿por qué no follan? No me lo explico").No diremos qué pasa con la mano, pero a Coppola se le nota que apenas ha pisado la treintena y que desde allí es capaz de mirar con compasión tanto a Johansson, recién licenciada, con se suponen apenas 22 añitos, desorientada en pleno umbral al fin de la vida adulta, y a Murray, ya padre en un matrimonio, una vida acartonada, y prácticamente en los cincuenta si no allí. Cuesta abajo con los frenos muy quemados ya. Llega un momento curioso, en el que uno empieza a preocuparse por tus padres como no lo habías hecho antes, en que uno se vuelve protector, en el que las historias de cuando más joven se esfuman ante la vulnerabilidad que se les ha caído encima con los años. Y por otra parte, y será porque estoy en contacto constante con criaturitas de 18, 19, nunca de más de 21, uno se gira atrás y siente lleno de ternura al verlos, porque ya nunca los volveremos a tener, nunca volveremos a tener ese potencial, y deseamos que sean tan felices como es posible, tan felices como nosotros nunca llegamos a serlo. Llevarle doce años a tus alumnos más jóvenes te lanza a cimas de adultez que no deseas. Pero qué vas a hacer. Preocuparte quizá por la superioridad de sentirse en una cima vital, en una meseta desde la que mirar las dos laderas y compadecerse de los que aún están por subir o ya se han despeñado. En todo caso, boludeces aparte, ternura y generosidad es lo que les da Coppola. Más a Murray que a Johanson, quien a fin de cuentas tiene toda la vida por delante y un B.A. de Yale. Si Johansson se deja llevar en su atracción hacia Murray, mostrando con claridad sus celos cuando se acuesta con otra, éste lucha por no caer en el tópico, por quedarse solamente en miradas, y Coppola le echa una mano. Habrá quien diga que hay una cierta dignidad en no ser un inmaduro en busca de una inmadurada para llevar a cabo inmadureces. Al menos hay una falsa, imaginada autenticidad conseguida al no caer en un cliché tan repetido y denigrado, en no ser al menos una vez ese cliché que representa Murray en sus anuncios. Renunciar a Johansson lo redime de Japander, de la indignidad de repetir una y otra vez "For relaxing times, making it Suntory Times" cuando podría estar haciendo una obra de teatro fuera de Broadway. No seducir a una deliciosa veinteaña es un triunfo sobre su vida de mierda. Curiosa, quizá, y retorcida la generosidad de Coppola. No, Murray no es un cincuentón regresado a la adolescencia. Cuando en la cama con Johansson afirma que cada vez es más difícil, y que al nacer tu primer hijo sientes que ése es el día de mayor miedo de tu vida, que te arrebatan la vida y que ésta vuelve a ti poco a poco y con ella la gente más maravillosa del mundo, se le cae evidentemente la baba. Pero es que se le cae hasta un punto que la gente de la primera fila o la segunda o la tercera corre peligro de ahogarse. La baba rebosa la pantalla e invade la platea, omnipotente en recias oleadas de vidrio espeso. Y a pesar de todo te lo crees, y se te cae la baba con Murray. Esa cosa inconcebible, aterradora de los cumpleaños de bebés con alienadas parejas de padres treintañeros, gente mostrando una felicidad impensable. En una crítica del Stories from the City, Stories from the Sea, decían que si algo bueno tenía el disco de PJ Harvey era conseguir que el soso de Thom Yorke cantara "Night and day / I dream of / Making love to you now baby" y que emocionásemos. Pues similares piedras de molino, y más, te hace tragar esta otra morena fea. En fin. La película es puro cine, con escenas que van más allá de la fuerza de las palabras del guión (que a veces alcanza cimas de incomunicación, desidia, pausas, minimalismo dignas de un Pinter). A fin de cuentas es una historia pequeña, poco más que un cuento, contado con finísima atención casi más a la atmósfera que a lo que se hace o dice. Pero a veces un cuento de Chejov vale más que un ladrillo de Tolstoy. Los momentos cerradamente perfectos se repiten, como poemas gloriosos de poetas menores en la antología. La llegada de Murray, la imagen de los dos proyectados en el cristal contra la noche hostil afuera, conversando, la euforia de la noche antes descrita, el karaoke. Y hay instantes de comicidad pura, como el "Talk Show", en que Coppola se ríe a gusto de Murray y sus andanzas (ausentes en general, sin embargo, con la agobiada Johansson, que parece muchísimo más frágil y hundida que Murray), y momentos absurdos en los que se ve la fascinación estadounidense hacia el Japón, como mezcla única en el mundo de hipertecnificación y tradiciones premodernas, no occidentales. Para acabar con un final que parece pura fantasía, la última limosna de Coppola a sus personajes desorientados en un mundo poco amable, dos desgraciados que se despiden dos veces, la primera fríamente en falso, la otra de verdad, y uno, que hacía poco se había leído la prodigiosa Expiación de Ian McEwan, y que observa inconherencias que hacen la segunda despedida casi imposible, no puede dejar de preguntarse si no hay una que sobra, si no es mera alucinación, si es solamente lo que Murray y Johansson y nosotros en nuestra quieta oscuridad muda hemos estado deseando todo el tiempo, sin realidad alguna. Pero ésa es otra generosidad de mármol que Sofía, como una buena madre, hace que nos metamos en la boca y traguemos suavemente, para irnos felices a la cama. [La banda sonora, gloriosa, al menos integrada con las imágenes. Y eso que el CD, por cobardía comercial, o quizá para salvarguardar la atmósfera general, no incluye el "Fuck the Pain Away" de Peaches. En la última pista, tras largos minutos de silencio, el conmovedor, dulcísimo karaoke de Murray: "More than this, you know there's nothing"]. Antonio Córdoba en Trailer ParkComentarios
Ayer a la noche vi la película (ahora son las 9:32 del lunes) y, lo que son las cosas, a mí también me recordó a mi ex (la ex con mayúsculas que todos llevamos encima). Es curioso: nunca (nunca) la había recordado así. Cuando ayer llegué a casa necesité leer las cartas que no había tocado desde hace cinco años y ver sus fotos. No sé qué tiene esta película, pero me ha cautivado. ¿Será que cada uno llenamos sus silecios y pausas con su propia vida? Puesto por Marcus Ramius a las Febrero 16, 2004 09:38 AMNo había leído tu crítica antes por miedo a que me jodieses el argumento. El domingo, por fin, pude disfrutar de ella. Y creo que es de las pocas películas en las que no pasa nada (se podría resumir su argumento en: un cincuenton casado y una veinteañera casada flirtean en Tokio pero al final no follan a pesar de que será inolvidable) y me ha encantado. Muy buen artículo también, enhorabuena. Puesto por Nacho a las Marzo 3, 2004 09:07 PMhe... mira... la verdad no coincido mucho con vos... otra cosa que no creo es que sea minimalista. si no que yo creo que es simple. una pelicula simple expresa sentimientos simples. no sentimientos minimos. y a mi entender expresan sentimiento muy fuertes, y el mas fuerte de todos es la nostalgia. en ese sentido bill murray expresa muy bien lo que es esa nostalgia. es una pelicula "redonda" tiene exactamente lo que tiene que tener. en cuanto a la vista de japon... creo que sofia hace bien en mostrar en lo que se ha convertido en japon. una grave ofensa al japon correcto y espiritual. en algunos tramos de la pelicula me da la sensacion que el protagonista se hace las preguntas: "esto es japon? en esto se convirtieron?" bueno... eso es todo... que alguien conicida conmigo... saludos pato. he... mira... la verdad no coincido mucho con vos... otra cosa que no creo es que sea minimalista. si no que yo creo que es simple. una pelicula simple expresa sentimientos simples. no sentimientos minimos. y a mi entender expresan sentimiento muy fuertes, y el mas fuerte de todos es la nostalgia. en ese sentido bill murray expresa muy bien lo que es esa nostalgia. es una pelicula "redonda" tiene exactamente lo que tiene que tener. en cuanto a la vista de japon... creo que sofia hace bien en mostrar en lo que se ha convertido en japon. una grave ofensa al japon correcto y espiritual. en algunos tramos de la pelicula me da la sensacion que el protagonista se hace las preguntas: "esto es japon? en esto se convirtieron?" bueno... eso es todo... que alguien conicida conmigo... saludos pato.
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